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Principios generales en la Gestión de residuos

Principios generales de la política comunitaria para la gestión de residuos

Jerarquía de principios en la política de gestión de residuos

         El objetivo clave de toda política comunitaria de gestión de residuos esta basada en los principios de cautela y acción preventiva. Se debe evitar la producción de residuos y, reducir el contenido de materiales peligrosos de los mismos. De este modo se evitan los riesgos tanto para la salud humana como para el medio ambiente. A largo plazo, esta política supone integrar ya en la fase de producción los problemas relacionados con los residuos y fomentar con ello un desarrollo sostenible. El concepto de valorización debe considerarse en su triple dimensión: reutilización, reciclado y valorización energética. La eliminación final ha de ser segura y circunscribirse a los residuos para los que no exista otra posibilidad de recuperación. Gestión de Residuos

         Esta jerarquía de principios deberá aplicarse con cierta flexibilidad y teniendo en cuenta la solución menos perjudicial para el medio ambiente, así como los costes económicos y sociales. A este respecto, puede resultar muy útil la internalización de costos externos (ambientales). Los costes externos son los costes de los recursos naturales y materiales que no se han repercutido aún en los precios de mercado y los costes (perjuicios) para la calidad del medio ambiente que se producen a lo largo del ciclo del producto, incluida la gestión de los flujos de residuos.

         La Comisión seguirá defendiendo esta jerarquía de principios en los próximos años, mediante el establecimiento de instrumentos jurídicos, económicos y administrativos que permitan aplicar estos principios en toda la Comunidad y establecer objetivos cuantitativos a escala comunitaria. Es muy importante garantizar que las cantidades de residuos producidas en los distintos procesos industriales sean objeto de un seguimiento adecuado y transparente para poder evaluar la eficacia de las medidas adoptadas.

Responsabilidad del productor

         Una política preventiva destinada a evitar la producción de residuos debe integrar el producto y su proceso de fabricación. Los problemas relacionados con la gestión de residuos deben tenerse en cuenta desde la fase de diseño o de concepción del producto y  debe abarcar todo el ciclo vital del producto, desde la producción a la eliminación final, pasando por la recogida, la reutilización y el reciclado.

         En épocas anteriores, los costes y las responsabilidades de la eliminación de productos convertidos en residuos repercutían en el medio ambiente o en el contribuyente. Este enfoque no es compatible con los principios que establece el Tratado CE, especialmente con los principios de cautela y de acción preventiva, de que quien contamina paga pues los atentados al medio ambiente deben corregirse en la fuente misma. El objeto de estos principios básicos es abarcar el ciclo vital de las sustancias, los componentes y los productos, desde su producción hasta su fase residual, pasando por su vida útil.

         El objetivo sólo podrá alcanzarse si la responsabilidad corresponde a los agentes económicos que mejor pueden contribuir a proteger, preservar y mejorar la calidad del medio ambiente. Los proveedores como los distribuidores, los consumidores y los poderes públicos comparten una responsabilidad específica en lo que se refiere a la gestión de residuos. No obstante, la función predominante corresponde al fabricante del producto, ya que debe tomar las decisiones fundamentales en relación con el producto: diseño, concepción, utilización de determinados materiales, composición del producto y, por último, comercialización.. Asimismo, puede concebir productos que permitan una reutilización y recuperación más adecuadas. Marcar, etiquetar, adjuntar instrucciones de uso o fichas de características pueden contribuir a alcanzar este objetivo.

Objetivos específicos

Prevención

         El impacto ambiental de un producto o de una instalación no se limita a la producción de residuos. Por consiguiente, el impacto de un tipo específico de material debería evaluarse en todo su ciclo vital. En principio, la carga para el medio ambiente debe determinarse de acuerdo con un enfoque "de principio a fin", que incluya la extracción de materias primas vírgenes, la transformación, la fabricación, el transporte, el uso y la gestión de residuos. Se trata de conservar las materias primas y la energía y de reducir la producción de residuos, especialmente de residuos peligrosos. A largo plazo, debería alcanzarse una mayor desmaterialización de procesos, productos y servicios.

         El análisis del ciclo de vida podrá resultar muy útil para la planificación de dicha estrategia de gestión de residuos.

         La Comisión seguirá fomentando el recurso a tecnologías limpias y respaldará, su adopción por los Estados miembros y los agentes económicos, por ejemplo mediante instrumentos como la Directiva sobre prevención y reducción integradas de la contaminación. La Comisión procura reforzar la dimensión ambiental de las normas técnicas en el marco del Comité Europeo de Normalización (CEN), fomentará y favorecerá la reutilización y el reciclado, siempre que sea factible desde un punto ambiental y económico, ya que se reduce así la necesidad de producir nuevos productos y, por ende, nuevos (futuros) residuos. Fomento del etiquetado ecológico y del uso de etiquetas energéticas.

         En determinados casos, la prevención de residuos podría requerir el establecimiento de normas comunitarias para limitar la presencia de metales pesados en los productos y en los procesos de fabricación, o para prohibir determinadas sustancias, con el fin de evitar, a largo plazo, la producción de residuos peligrosos. Tal sería el caso si la reutilización, la recuperación o la eliminación segura de dicha sustancia constituyen soluciones inaceptables desde el punto de vista ambiental.

         El precio desempeña un papel fundamental a la hora de fomentar la prevención de los residuos. Si los recursos naturales son baratos, se producen más residuos. Asimismo, si el precio de la eliminación de residuos es importante, los productores de residuos procurarán evitar esos costes y se esforzarán por reducir la producción de residuos. Algunos Estados miembros recurren a instrumentos económicos, como por ejemplo impuestos sobre los productos que no pueden ser objeto de reutilización o reciclado, para que los consumidores opten por otros productos. La Comisión procurará fomentar la utilización de instrumentos económicos. en el sector de los residuos de acuerdo con las normas del mercado interior.

         Se conseguirían avances considerables en la producción de residuos si se animara a los consumidores a que adquiriesen productos menos contaminantes, procedentes de materiales valorizados o que puedan, a su vez, ser objeto de reutilización o reciclado. La Comisión procurará impulsar la información y la educación de los consumidores en este sentido, para modificar paulatinamente las pautas de consumo.

         La Comisión seguirá creando a escala comunitaria un sistema jurídico e institucional de prevención de la producción de residuos. Ahora bien, el éxito de esta estrategia requiere la determinación de los Estados miembros, de los agentes económicos y de los consumidores. Es necesario el esfuerzo conjunto de las autoridades locales, regionales, nacionales y comunitarias para demostrar que la prevención de residuos merece la pena en cuanto a precios y satisfacción de los consumidores, así como protección del medio ambiente.

Valorización

         La valorización de residuos es el centro de toda política sostenible de gestión de residuos. Por consiguiente, si no puede evitarse la producción de residuos, éstos deben reutilizarse o deben recuperarse su material o su energía.

         Debería fomentarse la reutilización de un producto, si es aceptable desde un punto de vista ambiental, ya que contribuye a evitar la producción de residuos. Otro método de recuperación de residuos es la valorización de materiales, que consiste en transformar, total o parcialmente, el material contenido en los residuos para elaborar nuevos productos, o la valorización energética, operación en la que los propios residuos se utilizan a modo de combustible.

         La valorización de materiales exige una separación de los residuos en origen: por lo tanto, deben participar en la cadena de gestión de residuos los usuarios finales y los consumidores, con lo que aumenta su nivel de sensibilización de la necesidad y de los métodos de reducción de la producción de residuos. En muchos casos, se considera que conservando la estructura material de los residuos recuperables, se minimiza la necesidad de material y energía adicionales para elaborar un nuevo producto.

         Por consiguiente, siempre que sea aceptable en términos ambientales, debería darse preferencia a la valorización de materiales sobre las operaciones de valorización energética, ya que la primera opción tiene mayor impacto sobre la prevención de residuos.

            Valorización de materiales

         En lo que se refiere a la valorización de materiales, hay que tener en cuenta que ha aumentado la complejidad de los productos, por su composición y estructura, y que la industria del reciclado suele caracterizarse por el hecho de limitarse a tratar productos más sencillos. Por consiguiente, será preciso desarrollar una industria del reciclado basada en tecnologías y métodos modernos que permitan un nuevo tratamiento rentable de los productos desechados.

         Debería establecerse un contacto más estrecho entre los agentes económicos de la cadena de producción y de distribución para mejorar y fomentar el reciclado de materiales y productos. Concretamente, los materiales empleados deberían ser fácilmente separados y compatibles si se procede al reciclado. Asimismo, deberían diseñarse los productos de tal forma que puedan ser desmontados fácilmente.

         También debe fomentarse en la Unión Europea la creación de mercados con salidas para materiales y productos derivados de las actividades de reciclado. Ello supone que los agentes económicos y los consumidores estén convencidos de que los materiales y productos que proceden, total o parcialmente, de materiales reciclados cumplen las mismas normas en materia de salud, seguridad y medio ambiente que los productos "nuevos". El establecimiento de requisitos que se establezcan en contratos públicos pueden desempeñar un papel importante en la promoción de los productos reciclados.

            Valorización energética

         Cada vez es mayor la importancia de las operaciones de valorización energética, aunque siguen planteando problemas concretos considerables. Algunos Estados miembros han adoptado definiciones distintas en lo que se refiere a la distinción entre incineración de residuos con y sin recuperación de energía.. Desde un punto de vista terminológico, debería limitarse el concepto de "reciclado" a la valorización de materiales, como ya se establece en la Directiva de envases y residuos de envases.

         Las operaciones de valorización energética deberían realizarse utilizando con la mayor eficacia la energía producida. Por consiguiente, deberá plantearse si sólo se considerarán residuos para valorización energética los residuos que puedan proporcionar un beneficio calorífico neto. La nueva Directiva Marco separa el límite entre valorización energética y eliminación por incineración a alcanzar o no un valor de eficiencia energética en el proceso de incineración.

         Las emisiones de las instalaciones de valorización energética deben reducirse al mínimo y cumplir la normativa comunitaria. Se prestará especial atención a las instalaciones que en un principio no se concibieron para utilizar residuos como combustible sustitutivo.

Eliminación final

         La eliminación final de residuos se realiza principalmente mediante la incineración de residuos sin recuperación de energía y el vertido de residuos. La Comisión considera que el vertido de residuos en el mar o en el fondo marino no es una solución conveniente y debería evitarse. Esta consideración se aplica a todos los residuos, incluidos los buques retirados de la navegación y los demás, residuos voluminosos.

         Los Estados miembros tienen la obligación de adoptar las medidas oportunas para establecer una red adecuada e integrada de instalaciones de eliminación de residuos que permitiría a la Comunidad ser autosuficiente en este ámbito. Los programas de gestión de residuos que todos los Estados miembros deben elaborar contribuirán a establecer paulatinamente esta red comunitaria.

         En los costes de la eliminación de residuos no suele reflejarse el coste real del perjuicio ambiental causado. Por ejemplo, no suelen tenerse en cuenta los costes de todo el ciclo de vida de un vertedero (cien años o más). Los precios reducidos de la eliminación final no crean incentivos para las operaciones de valorización o pretratamiento de residuos. Por consiguiente, a largo plazo, los Estados miembros deberían garantizar una mayor transparencia de los precios de estas operaciones. Se trata, en particular, de que el precio refleje exactamente los costes reales de la operación habida cuenta de los precios de cierre y supervisión posterior de las instalaciones. Se restablecería así el equilibrio entre el coste de la eliminación, que en la actualidad es demasiado bajo y el de otros métodos de tratamiento, por ejemplo operaciones de valorización en condiciones ambientales aceptables, cuyo precio es relativamente alto.

         En principio, el vertido de residuos debería considerarse la última y la peor solución, ya que tiene un impacto negativo para el medio ambiente, máxime si se tienen en cuenta sus efectos a largo plazo. Esto no excluye que, en algunos casos concretos, sea la única forma razonable de eliminación. Ahora bien, en las estrategias sobre gestión de residuos, se procurará evitarse el vertido y, de no ser posible, se reducirá al máximo la cantidad de residuos destinados al vertedero, especialmente mediante operaciones de prevención de residuos y valorización. Asimismo, debería procederse a la clasificación y/o tratamiento previo de los residuos antes de su vertido para reducir su cantidad y/o eliminar los residuos peligrosos. A medio plazo, la Comisión considera que sólo deberían aceptarse en los vertederos los residuos no valorizables y los residuos inertes.

         Existe un potencial considerable de perjuicios para el medio ambiente procedente de emplazamientos contaminados (vertederos, zonas ilegales de vertido, emplazamientos industriales o militares abandonados, etc.). Estos lugares requerirán una atención y unos esfuerzos especiales para su saneamiento. Asimismo, deberá prestarse especial atención a las antiguas minas y otras cavernas, en las que el almacenamiento permanente de residuos puede suponer un grave riesgo ambiental, similar al de los vertederos habituales, e incluso mayor.

 

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